Estambul: la mejor alternativa gratis al mirador de la Torre Gálata

Estambul: la mejor alternativa gratis al mirador de la Torre Gálata

Estambul es una ciudad cuyas vistas maravillan a quien las disfruta. El espectáculo que ofrecen la Mezquita Azul, la Mezquita Nueva o la Mezquita de Süleymaniye son especialmente mágicas de noche y el barrio europeo es el lugar perfecto para disfrutar del skyline de Sultanahmet, la zona antigua de Estambul. Pese a que la Torre Gálata es el mirador por excelencia para contemplar el casco antiguo, nosotras os descubrimos una alternativa perfecta para poder sentaros tranquilamente a observar el atardecer sobre el Cuerno de Oro. ¿Lo mejor de todo? La entrada es gratis.

 

La calle Istiklal y el Museo Gálata Mevlevi

 

El barrio de Beyoğlu, la zona europea de Estambul que se encuentra al otro lado del Puente Gálata, era la que menos nos llamaba la atención, pero el día no pudo acabar mejor: el no poco anecdótico descubrimiento del 8.Kat nos permitió despedirnos de Estambul con una imponente vista nocturna de la ciudad.
Salimos algo más tarde de lo normal y fuimos caminando hasta el puente Gálata, donde se puede ver a decenas de personas que pescan a lo largo de todo el día en el Cuerno de Oro.

 

Pescadores_Puente Gálata Estambul Roam the Road

Pasamos por la Mezquita Kılıç Ali Paşa Camii, donde una vez más no pudimos entrar porque ¡sorpresa! era hora de rezo. Pudimos ojear un poquillo el interior de la mezquita y a un grupo de hombres rezando porque no habían bajado la cortina de la puerta principal, pero no pudimos entrar. Parecía misión imposible encontrar una mezquita que estuviera abierta a los turistas (el día anterior habíamos pasado tres veces por la Mezquita Nueva, respetando los horarios de visita que se indicaban en la entrada, y en ninguna de ellas nos permitieron entrar).

Seguimos caminando hasta la calle Istiklal, famosa por su gran cantidad de tiendas. Os recomendamos pasar por la chocolatería Bolçi, donde compramos una bolsita de bombones deliciosos por 10 liras (unos 3€) y buscar una heladería donde podréis probar el típico helado turco y además pasaréis un rato divertido, ya que la forma en que sirven el helado es todo un espectáculo. Cuando pasamos por delante, vimos a varias personas haciendo un círculo alrededor de un chico y nos paramos a ver cómo el dependiente pasaba la bola de helado de un cucurucho a otro y bromeaba con el pobre cliente fingiendo que le entregaba el helado para volvérselo a quitar. La verdad es que fue muy divertido y pensábamos volver después de comer para probar el helado turco y para poder grabar el espectáculo, pero al salir del restaurante recorrimos la calle tres veces… ¡Y no volvimos a encontrarlo! No sabemos si justo cerró a mediodía o si nos pasó desapercibido porque no había ningún cliente en ese momento, pero nos quedamos con las ganas de grabar el momento para enseñároslo. De todas formas, os animo a que lo busquéis, ¡os va a encantar si lo encontráis!

También en Istiklal visitamos el Museo Galata Mevlevi (web en inglés), un lugar muy interesante donde conoceréis el origen y la historia de los derviches. La entrada cuesta 10 liras, pero está incluida en el Istanbul Museum Pass. Lo más interesante de este museo es que todos los domingos a las 17h hay una actuación de derviches en una sala mucho más auténtica que la de la estación de tren de Sirkeci donde nosotras vimos el espectáculo. No llegamos a verlo en este museo, pero si volviera creo que sería una opción mejor.

Museo Galata Mevlevi_Estambul. Roam the Road

Comimos en el Meshur Halk Köftecisi. Los dueños no hablan inglés, pero la verdad es que la comida estaba buenísima. Tuvimos la oportunidad de probar un durum completamente diferente al del primer día (con los ingredientes muy triturados y muy especiados) y las famosas albóndigas turcas. Eso sí, fue el único sitio donde nos cobraron un extra de 2TL por impuestos.

 

El 8. Kat, la mejor alternativa al mirador de la Torre Gálata

 

En el extremo contrario a la Plaza Taksim se encuentra la Torre Gálata, construida originalmente como faro y muy conocida por las vistas que ofrece del barrio de Sultanahmet, la zona donde se encuentran, entre otros monumentos, la Mezquita Azul y Santa Sofía. Sin embargo, nos habían advertido de que no valía la pena, y al ver la cola de turistas que había esperando y el elevado precio de la entrada (19 liras, bastante caro en comparación con otras atracciones turísticas de Estambul), decidimos no subir y tomar algo a la orilla del río para ver el atardecer desde la zona europea. Tuvimos la gran suerte de que, al bajar hacia la zona del Puente Gálata, vimos un cartel que anunciaba un bar con unas vistas espectaculares, que se convirtió en un sustituto perfecto del mirador de la Torre Gálata: el 8. Kat.

Pasamos un rato buscando la calle con MAPS.ME (la aplicación de mapas offline que siempre utilizo cuando viajo), pero el callejón al que nos llevaba nos daba desconfianza. Finalmente decidimos buscar otro bar, pero al alejarnos vimos una pancarta enorme en el último piso de un edificio en el que aparecía el nombre del bar. Efectivamente, se encontraba en el callejón al que no quisimos entrar, unos metros más allá de donde habíamos llegado. Y la verdad es que el panorama que vimos en la entrada no invitaba a subir al bar… Al llegar vimos un montón de agua saliendo del portal, una botella de lejía tirada en el suelo y una mujer echando cubos de agua desde las escaleras. Al final nos decidimos a entrar y lo que encontramos al llegar mereció la pena: un bar de dos plantas precioso, con una decoración muy cuidada y moderna y unas vistas de Sultanahmet de noche que fueron la despedida perfecta del viaje. Para beber tomé una bebida caliente con sabor a plátano llamada salepler (7liras) que os recomiendo probar. La tenían también de otros sabores. Pasamos una hora disfrutando del atardecer y de las vistas y volvimos hacia Sultanahmet. Antes de ir al hotel volvimos a pasar por el Bazar de las Especias para comprar un postre con queso y pistacho que Marta, con quien hice el viaje, tenía ganas de probar y tuvimos la suerte de volver a encontrarnos con Sabri, el dependiente del puesto en el que compramos varias cosas un par de días antes.

Bazar Especias Sabri_ Estambul Roam the Road

Fue encantador con nosotras, nos invitó a tomar un té y nos ofreció frutos secos, ¡hasta se acordaba de nuestros nombres! «Mónica, apple tea or pomegranate tea?». Estuvimos un rato charlando con él, nos dimos el número de teléfono y nos contó que llevaba varios años en Estambul y que había nacido en una ciudad al este de Turquía. Aproveché para preguntarle dónde podía comprar el salepler de plátano que había probado en el bar. Me dijo que él conocía el salep, pero que nunca había oído hablar de ninguna variedad con sabor a fruta, y me recomendó una tienda fuera del bazar donde tal vez podría comprarlo. Incluso me dibujó un mapa para que supiéramos llegar y me escribió en turco «¿Lo tienes?». Nos despedimos de él y fuimos a buscar la tienda, pero tampoco allí conocían esa bebida. El dependiente me dejó bien claro que no lo conocía: «Salep is salep. No banana, no apple». Muy cerquita de la tienda compramos el postre de queso (kozde kunefe), que os recomiendo tomar calentito, en la cafetería Safa (la misma en la que probamos los baklava en Sultanahment). Pero aunque probamos platos riquísimos, nos tocó volvernos a España sin traer el maravilloso salepler de plátano. ¡Tendremos que volver!

Kunefe_Estambul Roam the road

 

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