10 cosas que te desesperarán en China

10 cosas que te desesperarán en China

El año pasado visité Asia por primera vez. ¿El destino? Pekín, nueve días en el gigante asiático. La experiencia fue maravillosa, disfrutamos de muchos rincones de la ciudad y enmudecimos ante la Gran Muralla China o la Ciudad Prohibida. Evidentemente Pekín impacta en todos los sentidos y, en muchos casos, también desespera. ¿Que por qué? ¡Por todo esto!

 

1. El tráfico

Caótico, disparatado, demencial, aterrador. No sé ni cómo describir la locura que ocurre en las carreteras de Pekín. Los coches no paran, jamás. Ni en pasos de cebra ni, si pueden evitarlo, en los semáforos en rojo. Si quieres cruzar, te esquivan, te pitan, te rodean con el coche. Pero no paran. ¿Que cómo sobrevivimos? Esperando hasta que un grupo de chinos se juntaba para cruzar la calle y camuflándonos entre la muchedumbre.

Cuando fuimos a la Ciudad Prohibida tardamos un buen rato en cruzar la calle porque, a pesar de que teníamos el semáforo en verde y de que había policía justo al lado del paso de cebra, ¡todos los conductores se saltaban el semáforo!

El día que visittamos a la Muralla China, el conductor del autobús se dio cuenta en una avenida de que estábamos yendo en dirección contraria y decidió dar un volantazo en mitad de la calle y cambiar de dirección parando el tráfico de toda la avenida. Esto con un autobús de 55 plazas llenos de extranjeros que temíamos por nuestra vida. Os podéis imaginar nuestras caras.

Por último, sobra decir que veréis todo tipo de transportes en las calles de Pekín que no dejarán de llamaros la atención. Bicicletas y motos con kilos de mercancía haciendo equilibrio o mamás que llevan a sus hijos pequeños entre las rodillas mientras conducen sus motos.

Lo dicho, ¡un caos!

 

2. Los baños

Otro de los aspectos que llamarán la atención de los occidentales es la falta de baños o inodoros tal y como los conocemos nosotros. En China los baños son un agujero sobre el que uno debe ponerse en cuclillas… Y al principio, debo decirlo, da reparo usarlos. Sin embargo, tengo que admitir que los usé en Estambul y me parecieron más cómodos (e higiénicos) de lo que me imaginaba.

Os será fácil localizar baños públicos por toda la ciudad, pero es mejor opción entrar en un museo, monumento o directamente esperar a llegar al hotel. Además, es sencillo encontrar hoteles con baño occidental, así que no habrá tanta necesidad de utilizar la variante china.

 

Baños china

 Baño del Museo Nacional de China, en Tian'anmen Square.

Como podéis imaginar, los baños públicos tienen un aspecto mucho menos higiénico.

 

3. Los controles

La cantidad de controles por los que hay que pasar para hacer cualquier cosa en Pekín puede llegar a desesperar. El trámite de escanear el bolso cada vez que se entra en el metro se convierte en rutinario, pero en algunos casos la situación puede llegar a ponerte de mal humor. El peor caso que vivimos nosotras fue el día que fuimos a visitar el Mausoleo donde se encuentra el cuerpo de Mao, en Tian'anmen Square. Los chinos aún veneran con adoración los restos del dictador y el número de controles va en consonancia con dicha veneración.

Al llegar a Tian’anmen Square pasamos el control para entrar a la plaza y fuimos a la cola. De alguna manera, un guardia nos hizo entender que no podíamos entrar con la mochila y que teníamos que dejarla en el edificio rojo al que nos señalaba y que… ¡estaba fuera de la plaza! Salimos y fuimos a la consigna en la que, cómo no, había un control para entrar. Para visitar el Mausoleo hay que dejarlo todo en la consigna: únicamente te dejan llevarte el móvil, el pasaporte y la cartera. Te cobran por dejar la mochila y si dices que tienes cámara, te cobran un extra (pero no miran la mochila y si no lo dices, no lo pagas) ;D

 

4. Las masas de gente

Esto es algo que evidentemente, dada la (sobre)población que tiene China, era de esperar. Sin embargo, he decidido incluirlo en la lista para advertiros de que la gran cantidad de gente que os encontraréis en general y sobre todo en algunos lugares concretos puede llegar a ser muy agobiante y arruinaros un poco el día, ya que la sensación de estar rodeado constantemente de miles de personas llega a ser agotadora. Montar en el metro (e intentar salir después) puede ser toda una odisea, y el mismo lugar en dos momentos diferentes puede resultar totalmente diferente. Esa fue nuestra experiencia en Beihai Park, que visitamos por primera vez al atardecer cuando no había más que un barecito precioso abierto y al que volvimos de día para visitar los monumentos, rodeadas de miles de personas.

 

Beihai Park - China

Beihai Park la primera vez que lo visitamos

 

Os recomiendo evitar los días festivos en China (hay mucho turismo chino en el país) y, en la medida de lo posible, los fines de semana para los monumentos más importantes. Nosotras tuvimos el despiste de ir al Mausoleo de Mao en fin de semana y la fila iba dos veces de lado a lado de la plaza. Teniendo en cuenta que Tian’anmen Square es la plaza más grande del mundo, con 880 metros de norte a sur, eso quiere decir que ¡¡la cola era de casi 2 kilómetros!! Como podéis imaginar, nos fuimos y volvimos tempranito un día de diario y apenas hubo que esperar (dejando de lado lo de los controles que os contaba…).

 

Cola Mausoleo Mao - China

Cola para entrar al Mausoleo de Mao

 

5. Los chinos se saltan las colas

También de esto me habían advertido, pero ver para creer… En la primera hora que pasamos en Pekín, cuando aún estábamos de camino al hotel, con nuestra maleta y nuestra cara de guiris, ya sufrimos el primer adelantamiento. Os podéis imaginar la cara que se nos quedó cuando después de llevar un rato haciendo cola como personas formales y educaditas, un chino nos adelantó por la derecha, compró su billete y se largó.

Eso sí, como buenas españolas no nos faltó tiempo para adaptarnos a la cultura local y fuimos perfeccionando la técnica de adelantamiento a lo largo del viaje. ¡A nosotras se nos iban a colar!

 

6. La contaminación

Otra de las cosas que ya esperábamos y que, aún así, nos llamó muchísimo la atención. Mi sensación el primer día fue de ahogarme, daba igual a qué velocidad respirase, sentía que no me llegaba suficiente aire a los pulmones. El aire era naranja y no se veía bien a lo lejos. Todo está sucio y lleno de polvo por la contaminación.

Por suerte, no tardó en llover y el nivel de contaminación disminuyó bastante, para alegría nuestra y de todo el mundo, imagino. No llegamos a comprar las famosas máscaras (creo que eso me daría aún más sensación de ahogo), pero la verdad es que comprendí que se las pongan.

 

7. Persecuciones cuando regateas

He dado un título irónico a este apartado, pero la verdad es que hubo momentos en los que realmente nos sentimos incómodas al intentar huir de vendedores que se habían empeñado en que les compráramos algo.

Lo normal en China es que los vendedores de tiendas y sobre todo de mercadillos inflen los precios de manera muy descarada, especialmente si eres extranjero. Está claro que el regateo está a la orden del día en China y puede que al principio os incomode ofrecerles un precio excesivamente más bajo. La sensación que tenemos al principio es que es ridículo pelear por 10 yuanes (1,50€), ya que es una cantidad de dinero que no nos importa demasiado. Sin embargo, cuando ves que llegan a multiplicar por 10 los precios a los que estarían dispuestos a vender el producto, te das cuenta de que la única forma de no dejarse estafar es regateando de forma agresiva.

Una buena técnica para ver si están dispuestos a bajar más el precio es alejarse del puesto. ¿Consecuencia? Muchos te perseguirán calculadora en mano al grito de “How much? How much? You say, you say!” Al principio resulta divertido, pero cuando realmente te estás alejando porque no te interesa, resulta bastante agobiante que te persigan e incluso te agarren del brazo para que les hagas una contraoferta.

 

8. Los chinos escupen por todas partes

Una de las cosas que probablemente más asco nos den a los occidentales: los chinos escupen mucho, por todas partes y, por si fuera poco, cada escupitajo va precedido de un desagradable sonido que nos obliga a ponernos alerta para intentar esquivar el proyectil. Veréis a gente de todos los tipos y edades clases escupiendo como si no fuera con ellos la cosa.

Diré en favor de los chinos que, al igual que a nosotros nos resulta asqueroso que expulsen las flemas por la boca, ellos consideran de mala educación sonarse la nariz y guardarse el pañuelo en el bolsillo. Y supongo que igual de desagradable es una cosa que la otra 😉

 

9. English, please? 

 

 

Cena primer día - China

 Cena del primer día en el hotel

 

China es un país que poco a poco se va adaptando al turista occidental, pero aún falta tiempo para que el proceso llegue a su fin, ya que la gran mayoría del turismo que hay en China es chino, por lo que al pequeño comercio no le interesa tanto el público occidental, imagino. Pocos chinos hablan inglés, lo cual es un problema para la comunicación si queremos ir más allá de comprar entradas a monumentos, y hay mucho aún sin traducir. El ejemplo que sin duda más os podrá afectar en vuestro viaje son las cartas y los menús: muchos restaurantes no tienen los menús en inglés y muchos tampoco tenían fotografías. ¿Solución? Id a los sitios más turísticos o si os apetece comer en restaurantes frecuentados por locales, podéis intentar haceros entender por señas o sencillamente señalar los caracteres que más bonitos os parezcan y esperar la sorpresa. ¿Otro problema añadido? Si sois torpes con los palillos, como es mi caso, ¡más os vale llevaros de casa un tenedor de plástico!

 

 Dumplings - China

 Dumplings que comimos en un restaurante en el Templo del Cielo. El menú estaba en inglés.

 

10. Estafas en los rickshaws

Pekín es una ciudad segura, al menos esa fue nuestra sensación como turistas, tanto visitando los templos y lugares más importantes como recorriendo hutongs o acercándonos a ver Tian’anmen Square ya de noche. Sin embargo, sí pasamos un pequeño mal rato y debo entonar el mea culpa, ya que, una vez más, me había puesto al corriente en los blogs de viajes de otros compañeros.

La historia es la siguiente: llegó el último día de nuestro viaje y yo aún no había comprado mi precioso sombrero chino de recuerdo. Quería un modelo concreto que habíamos visto unos días antes en el Templo del Cielo, pero no había manera de encontrarlo y faltaban horas para ir al aeropuerto. Lo buscamos en Wangfujiing Street y después fuimos al Parque Jingshan (a unos 30 minutos a pie), donde también recordábamos haber visto gorros. Tampoco allí lo encontramos y al salir del parque, un amable chino se acercó con su rickshaw (los triciclos en los que transportan a pasajeros) y nos ofreció llevarnos a Wangfujing Street por el módico precio de 3 yuanes (léase: 0,50€) cada una.

 

Gorros chinos_China

A la izquierda, el sombrero que provocó el incidente.

 

Evidentemente aceptamos, agotadas, no sin antes repetir varias veces “three yuans” y extender tres dedos enfrente de él, ante lo cual el amable chino no paraba de decir “yes, yes, three you, three you”.  Había leído varias veces que era buena idea dejar por escrito la cantidad para que luego no hubiera problemas, pero entre el cansancio, las prisas y las ganas de encontrar mi gorro, no me paré a pensarlo. Nos montamos juntas y al par de minutos apareció otro chino con su rickshaw y nos pidieron separarnos y montar cada una en una bici, para que el chino no tuviera que arrastrarnos a las dos (por la velocidad a la que nos movíamos, me pareció lógico). Parece ser que el chino que me llevaba a mí era más fuerte y empezó a sacarle ventaja al que llevaba a Laura. Nos llevaron a una bocacalle de Wangfujing Street, donde aparecieron dos chinos más (imagino que para intimidar, no lo sé), y al bajarme del rickshaw con mis tres yuanes en la mano (Laura llegó un minuto más tarde), el chino me sacó la lista de precios donde ponía claramente que el recorrido costaba 300 yuanes (es decir, 50 euros por 5 minutos de viaje). Le dije que no, el chino me gritó y yo le grité más fuerte. A tal tiempo llegó Laura y le conté a gritos que el chino me pedía 50€. Le dije al chino que o cogía los 3 yuanes por persona o nos íbamos sin pagarle, le dejamos el dinero en el asiento y nos fuimos (rapidito) hacia Wangfujing Street, una de las avenidas principales, con muchas tiendas y muy transitada.

 

Rickshaws - China - Rott Gold

Encontraréis decenas de rickshaws a la salida de la Ciudad Prohibida. Imagen de Rott Gold.

 

Mi sensación fue que su intención no era en absoluto atacarnos ni robarnos con violencia, sino meternos miedo para que aceptáramos y les diéramos los 100€. No nos siguieron, no nos agarraron en ningún momento, pero el simple hecho de que hubiera dos chinos más esperando en el callejón deja claro que su intención era intimidarnos para que cediéramos. Moraleja: poneos serios, dejadles claro que no vais a pagar ni un céntimo más de lo que habíais acordado y recordad poner por escrito el precio antes de montar (puede que luego intenten timaros igualmente, pero en cualquier caso no está de más).

Y, para terminar, aquí va el vídeo del recorrido en rickshaw desde Jingshan Park hasta el callejón en el que nos dejaron, por cortesía de Laura Formariz, que a pesar del susto se molestó en ir grabándolo todo con el móvil. Como podréis ver, íbamos muy separadas y Laura no me vio hasta que llegamos al final del recorrido.

 

 

Sobra decir que el viaje a Pekín me encantó, que volvería sin dudarlo y que este artículo es solo una recopilación de las cosas que más nos impactaron o desesperaron en el viaje, pero pronto tendréis un artículo de las 10 cosas que no podéis perderos en la capital china.

 

La foto original de la portada es de Lin Qiang.

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